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Son Bunyola, sinfonía mediterránea en el corazón de Tramuntana

Son Bunyola, sinfonía mediterránea en el corazón de Tramuntana

Brenda Lisiotti

Con 27 habitaciones, el lujoso hotel Son Bunyola, de Sir Richard Branson, está ubicado en una preciosa finca del siglo XVI recientemente restaurada y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, rodeada de jardines, olivares y viñedos. El hotel, junto con tres villas de lujo, constituye la pieza central de una finca histórica de 1.300 hectáreas de naturaleza autóctona. El hotel cuenta con dos restaurantes, salones, varias terrazas para comer y una espectacular piscina exterior, todo ello con impresionantes vistas al mar, la serra de Tramuntana y la famosa Foradada de Mallorca.

La chef ejecutiva Brenda Lisiotti dirige la cocina, con la visión de crear auténticos platos mallorquines y mediterráneos inspirados tanto en los productos de temporada cultivados en los jardines y huertos de la finca, como en el marisco fresco de la isla. Su singular mezcla gastronómica de tradición y contemporaneidad marida a la perfección con este entorno histórico de impresionante belleza.

Suquet de pescado de Mallorca. Son Bunyola

 

Del huerto a la mesa

Sa Terrassa, el restaurante principal de Son Bunyola, se presenta como un escenario donde la naturaleza y la cocina se funden para brindar un auténtico espectáculo de sabores. Al calor del mediodía, Sa Terrasa sirve como santuario del sabor y el color, ofreciendo un menú que resalta el valor de los ingredientes locales (muchos de los cuales se cultivan en el propio huerto del establecimiento) con técnicas internacionales. Las creaciones de la chef Brenda Lisiotti entremezclan texturas y colores, entregando a los comensales una experiencia balear reinventada.

Cuando el sol comienza a despedirse y las estrellas se preparan para su espectáculo nocturno, Sa Terrassa se transforma. La carta se torna un lienzo de creatividad donde la chef Lisiotti despliega lo mejor de su cocina creativa. La influencia de países hermanos del Mediterráneo, como Grecia y las costas africanas, se entrelaza con la autenticidad mallorquina. Los pescados y mariscos frescos, adquiridos de la lonja local, se convierten en platos que narran historias de mar y tierra, cada uno capturando la esencia de su origen.

Ubicado en la prensa de oliva histórica de la finca, el otro restaurante de Son Bunyola, Sa Tafona (reservado a los clientes alojados), es un espacio donde el compartir es el protagonista. Aquí los platos reflejan el carácter juguetón y la maestría de la cocina española, con el toque distintivo de la casa. En Sa Tafona, la vida se celebra en torno a pequeños bocados. En este espacio, que respira historia entre los muros de una antigua prensa de aceitunas, la tapa se reinventa con sabores que honran la tradición española con un toque de innovación y desenfado.

Sala restaurante Son Bunyola

 

Equilibrio mediterráneo: la cocina de Brenda Lisiotti

Brenda Lisiotti, que se ha formado bajo la tutela de prestigiosos chefs y ha recorrido cocinas de todo el mundo, trae a Son Bunyola una filosofía culinaria única. Su cocina, descrita por ella misma como "principalmente veggie" y enfocada en el equilibrio mediterráneo, subraya la importancia de los vegetales y los productos orgánicos, fiel a la tendencia de un futuro más sostenible.

La cocina de Lisiotti evoluciona al ritmo de las estaciones. La chef escucha lo que la tierra ofrece en cada estación y lo transforma en cocina de vanguardia, respetando el futuro sostenible del planeta y la salud de sus comensales. Su pasión por los vegetales se evidencia en el protagonismo que tienen en su cocina, siempre buscando el equilibrio perfecto entre sabor y nutrición, entre tradición y modernidad.

Los icónicos tomates de la finca, las hierbas aromáticas recién cortadas, las verduras de vibrantes colores y las especias que evocan su gusto por la cocina asiática, se convierten en protagonistas de su cocina, rindiendo homenaje a la diversidad de la tierra balear, creando una sinfonía de texturas, sabores y colores que seducirán a los paladares más exigentes.

Brenda Lisiotti es una chef 360º. Su pasión por la gastronomía trasciende las paredes de su cocina. Y es que, tal y como explica ella misma, encuentra placer “en la continua búsqueda de conocimiento, en la exploración del campo mallorquín, en la recolección de setas y espárragos, o en la visita a las granjas locales”. Todo ello, con un objetivo claro: comprender y absorber el entorno para ofrecer a sus comensales no solo un plato, sino una historia, la esencia más pura de Mallorca.

Exterior Son Bunyola

 

Gastronomía y compromiso de futuro

Lisiotti se enfoca no solo en el presente de la gastronomía mallorquina, sino también en su futuro. Con la intención de expandir el huerto de Son Bunyola y tras la replantación de viñedos afectados por una tormenta reciente, el proyecto apunta a producir su propio aceite de oliva al final de esta temporada. Una visión que reafirma el compromiso del hotel y de su chef con la sostenibilidad y el anhelo de volver a las raíces de una finca que fue, en su día, uno de los emplazamientos agrícolas más florecientes de la sierra.

Más allá de la cocina, el hotel y su chef ejecutiva enfrentan el reto de la sostenibilidad en una isla con ciertas limitaciones logísticas. La respuesta de Lisiotti a estos retos es una apuesta por lo local, reduciendo el uso de plásticos, investigando métodos de reciclaje y compostaje y cultivando relaciones directas con los productores de la isla. Son Bunyola no solo es una experiencia gastronómica, sino una lección de respeto por el medioambiente y la cultura mallorquina.

La cocina mallorquina, influenciada por la necesidad histórica de utilizar lo disponible localmente, ha mantenido su carácter y autenticidad a lo largo de los años. Brenda Lisiotti, con su compromiso con los sabores locales y los productos de la finca, no solo perpetúa esta tradición, sino que también la enriquece con su creatividad y experiencia internacional. Son Bunyola, con Brenda Lisiotti al mando de sus fogones, no es solo un destino culinario en sí mismo, sino un auténtico tributo a la tierra y a su generosa oferta, una invitación a saborear la Mallorca más auténtica y, al mismo tiempo, sorprendentemente innovadora.

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