Filipe Jorge y Jhon García
Tener la inmensidad de la playa de Muro a un palmo de distancia es una trampa recurrente: muchos se conforman con servir vistas y cobrar la brisa marina. NU Mallorca eligió el camino opuesto. Nació con la ambición de que el plato superara al paisaje. Detrás de una fachada de lino, tonos neutros y arte contemporáneo, se esconde una cocina de precisión quirúrgica gobernada por el fuego del Josper y la crudeza del kilómetro cero. Un engranaje perfecto que muta con las horas del reloj y demuestra, bocado a bocado, que el verdadero lujo es disfrutar de una técnica gastronómica impoluta mientras la vida baja revoluciones.
La hostelería a ras del mar suele pecar de conformismo. Pero cuando Luca Banti y Roque Rodríguez idearon NU Mallorca, se propusieron difuminar la frontera entre el ocio estival y la alta gastronomía. Concebido como un espacio vivo que respira al ritmo del sol, NU Mallorca es mucho más que un beach club: es un lugar donde gastronomía, arte, música y entorno conviven de forma orgánica. Es un ecosistema camaleónico que dialoga con la naturaleza que lo rodeal y adapta su piel a medida que avanzan las horas. Una estética cuidada, una cocina de alto nivel, una coctelería versátil y una programación musical en vivo. En NU, la música y la puesta en escena construyen una vibra sofisticada y envolvente.
Por la mañana rige la calma y la conexión; a mediodía, el festín gastronómico; por la tarde, la transición social a golpe de coctelería; y de noche, el glamour absoluto.
Pero lo que verdaderamente distingue a este proyecto se esconde tras los fogones. Al frente del Grupo NU Mallorca (que también engloba los conceptos Negre y Nanai) se encuentra Filipe Jorge, un chef ejecutivo cuya trayectoria es un auténtico mapa del rigor culinario. Curtido en la exigencia de templos como El Bulli, en la Embajada de Francia en Lisboa y en restaurantes de máximo nivel en destinos como Dubái o Ibiza (donde formó parte de El Silencio junto a Mauro Colagreco), Jorge impone un discurso en el que no hay atajos.

Su mano derecha es Jhon García, segundo de cocina e institución en la casa desde sus cimientos. De raíces colombianas e influencias italianas, Jhon aporta esa amplitud de miras que permite a la carta integrar el recetario mediterráneo, italiano y asiático con una fluidez asombrosa. El credo que ambos han instaurado en esta cocina se resume en una premisa clara: producto, producto y producto.
Y es que la propuesta esquiva cualquier adorno innecesario para centrarse en materias primas excepcionales, priorizando el pescado local y la temporalidad por encima de todo. La carta es una declaración de intenciones que se divide inteligentemente entre la delicadeza del trabajo en frío y la contundencia de las brasas.
Los entrantes son auténticos ejercicios de frescura y bisturí. El tiradito de hamachi con gamba roja deslumbra por su línea limpia y elegante, mientras que el crudo de atún del Mediterráneo con tomate cede todo el protagonismo a referencias intachables como Balfegó. Este nivel de autoexigencia se hace patente en elaboraciones artesanales, como el carpaccio de ventresca de atún ahumado en casa, lo que le otorga al plato una identidad inconfundible.

Y cuando entra en juego el horno Josper, la cocina adquiere otra dimensión. El carbón aporta esos matices profundos que convierten a los langostinos jumbo caramelizados en una elaboración para el recuerdo. Lo mismo ocurre con el pulpo, escoltado por la untuosidad de una papada de cerdo ibérico Joselito. A esta oferta se suma una cuidada línea de sushi premium, arroces elaborados con maestría y una amplia variedad de opciones veganas.
El pulso no decae en el apartado dulce. El cheesecake de pistacho con queso gorgonzola y salsa caliente de chocolate es el ejemplo perfecto de una repostería que asume riesgos. Juega con los contrastes térmicos y los límites entre lo dulce y lo salado, llevando el cierre del menú a un terreno estimulante y tremendamente gastronómico.
Pero el apetito no es lo único que se sacia en Playa de Muro. La estética y la cultura vertebran cada rincón de NU. El establecimiento funciona como una galería de arte activa que exhibe obras de artistas internacionales. La arquitectura, dominada por los blancos y los tonos neutros, actúa como un marco silencioso que cede todo el protagonismo a las piezas expuestas y a las aguas cristalinas del Mediterráneo.

La música acompaña esta coreografía visual de forma ininterrumpida, evolucionando a lo largo del día. Y es precisamente los miércoles y los sábados cuando la propuesta de entretenimiento alcanza su cénit. NU despliega entonces una programación de shows propios: producciones inmersivas con un marcado componente estético que fusionan lo auditivo y lo visual, transformando el espacio por completo.
Posicionado como un destino lifestyle clave para el público internacional más exigente, NU Mallorca ha sabido huir del esnobismo y centrarse en la autenticidad. Es el vivo ejemplo de que la alta gastronomía, el arte contemporáneo y el Mediterráneo pueden sentarse en la misma mesa para crear una experiencia realmente memorable.






