Petunia Ibiza
Curtido en templos como Pakta (Albert Adrià), Bistró Guggenheim Bilbao, Finca Serena o DaiCa, el chef mallorquín Baltasar Rigo creía que su paso por Ibiza sería efímero. No tardó en entender lo equivocado que estaba. Atrapado por el magnetismo del islote más místico del Mediterráneo, celebra su cuarta temporada en el idílico hotel Petunia. Con el apoyo incondicional de su equipo y la visión del director Josep Sastre, el complejo afianza su madurez gastronómica reescribiendo la historia de sus dos espacios estrella: La Mesa de Es Vedrà y La Mirada. Raíces baleares en el primero, un vibrante pulso Nikkei en el segundo y, por supuesto, la panorámica más sobrecogedora de la isla.
Resulta imposible no sucumbir al hechizo sensorial de Petunia. Llegas, respiras hondo y el tiempo, literalmente, se suspende. El silencio cómplice de la naturaleza enmarca un mirador que te roba el aliento: las mejores vistas a Es Vedrà de la isla. Baltasar Rigo sintió ese flechazo fulminante; una conexión eléctrica con el paisaje que, con el tiempo, se ha transformado en un compromiso con la excelencia. Bajo la batuta estratégica del director Josep Sastre, aquel refugio que nació como un secreto bien guardado se ha consolidado hoy como una coordenada ineludible para los amantes de la buena cocina en Ibiza.

En La Mesa de Es Vedrà, la propuesta ha madurado hacia un homenaje sincero a la despensa de las Baleares. Siendo Rigo natural de Mallorca, era cuestión de tiempo que su cocina reclamara esa identidad. Aquí, el producto local es el protagonista. La carta es una invitación a compartir, a celebrar el sabor de la tierra en un entorno donde las vistas al imponente islote de Es Vedrà parecen un cuadro.
Los lunes, la cena se envuelve en los acordes de una guitarra flamenca en directo, creando una atmósfera de una intimidad casi mística. En la mesa, desfilan creaciones como la berenjena a la brasa con sobrasada y queso de cabra de Ses Cabretes o la frita de verduras de temporada. El bullit de peix (elaborado con pesca del día como sirvia, mero o pargo) y su inseparable arroz a la llauna, es una declaración de amor a la tradición ibicenca, mientras que la lechona de cerdo negro nos devuelve a las raíces mallorquinas del chef. En esta danza culinaria, Rigo cuenta con dos pilares fundamentales: el sous-chef ibicenco Óscar Planells, que aporta el conocimiento profundo del producto de la isla, y Rajaa Ennakhli Louza, jefa de pastelería, que hace magia con postres como el coulant de algarroba o las fresas silvestres.

En la azotea, el registro cambia por completo. La Mirada se ha transformado en un vibrante raw & cocktail bar con una propuesta Nikkei de altura. Es el lugar donde el atardecer se convierte en espectáculo y la música dicta el ritmo; especialmente los viernes, cuando las sesiones de DJ Balearic maridan la experiencia con un toque de sofisticación ibicenca.
Aquí, Baltasar Rigo se ha propuesto hacer brillar el talento de Kevin Nieto, jefe de cocina de La Mirada, quien ha sabido fusionar su herencia peruana con la precisión japonesa y los matices baleares. El resultado es una carta de platillos pensados para compartir y disfrutar con un cóctel en la mano: desde la coca de patata con panceta de cerdo negro, hasta el anticucho de Wagyu, el boquerón con mantequilla y anchoa o las vieiras con escabeche de azafrán y ají amarillo.
Cruzar la puerta de Petunia es darte cuenta de que hay lugares de los que uno no querría irse jamás. Es el triunfo de un equipo unido y de un chef que, afortunadamente, decidió que el magnetismo de Es Vedrà era motivo suficiente para no marcharse. Un oasis donde la gastronomía rompe la barrera del plato para erizarte la piel, anclándote al presente y fundiéndose, bocado a bocado, con la energía intacta de ese gigante de piedra.






