Gasifred Ibiza
En Ibiza, donde cada temporada eleva el listón de la excelencia gastronómica, hay algo que permanece constante detrás de los grandes restaurantes, lo que no se ve pero lo hace todo posible. Gasifred lleva más de cincuenta años siendo ese engranaje invisible. La empresa ibicenca que la familia Ferrer construyó desde cero ha pasado hoy a manos de una nueva generación que no ha venido a conservar el legado, sino a empujarlo hacia adelante.
Una cocina profesional ya no es solo un espacio equipado. Es un sistema vivo donde cada decisión —la posición de un horno, el flujo de circulación del equipo, la temperatura de una cámara— tiene impacto directo en lo que llega al plato. Gasifred lo sabe desde siempre, y es precisamente esa comprensión profunda del oficio lo que les distingue de cualquier empresa que se limite a instalar maquinaria. Aquí se piensa antes de ejecutar, se escucha antes de proponer y se acompaña mucho después de terminar la obra.

La nueva generación de la familia Ferrer ha integrado en ese ADN dos conceptos que en la hostelería ibicenca ya no son opcionales: la innovación y la sostenibilidad. Las cocinas de hoy consumen, gestionan recursos y generan residuos de una forma que hace una década era impensable controlar. Gasifred trabaja para que cada instalación responda también a esa exigencia, diseñando entornos eficientes donde la tecnología no está al servicio del espectáculo sino del rendimiento real.
Muchos de los chefs que marcan tendencia en la isla trabajan en cocinas diseñadas por Gasifred. Espacios concebidos para desaparecer en el momento clave, dejando todo el protagonismo al producto, al equipo, a la idea
Para llegar a ese resultado, Gasifred trabaja junto a las mejores marcas del mercado: Rational, Josper, MKN, Robot Coupe, Angelo Po, Intecno, Daikin o Winterhalter, entre otras. Pero el equipamiento, por bueno que sea, solo es el punto de partida. Lo que convierte un proyecto de Gasifred en algo diferente es la integración, saber leer el concepto gastronómico de cada cliente, traducir sus necesidades al lenguaje técnico y construir un espacio donde todo encaje sin fricción, incluso en el pase más exigente de cada restaurante.

Esa capacidad de adaptación es, también, la que ha permitido a Gasifred crecer con solidez más allá de Ibiza. Su desembarco en Mallorca —donde opera ya en proyectos del nivel del Mandarin Oriental Punta Negra o el Hotel Nobis de Palma— no es una aventura paralela sino la consecuencia lógica de una empresa que ha sabido construir reputación sin hacer ruido. El mismo método de siempre, entrar con humildad, trabajar con precisión y dejar que el resultado hable.
En Ibiza, la gastronomía no se detiene y es que cada temporada trae nuevos proyectos, nuevos chefs, nuevas exigencias y detrás de muchos de ellos, silenciosa e imprescindible, sigue estando Gasifred porque la magia, cuando funciona de verdad, nunca se improvisa.







