Es Fumeral
Hay lugares que, como los grandes vinos, mejoran cuando aprenden a tomarse su tiempo. En su tercera temporada, Es Fumeral crece sin traicionar ni un ápice de su alma: un oasis de lujo descalzo donde el Mediterráneo manda. Más maduro, con una carta que rinde culto al fuego y al salitre. Y, como novedad, el refugio de Alberto Pacheco en Cala Nova abraza esta temporada el anhelado 'tardeo' isleño; una evolución salvaje, casi instintiva, diseñada para exprimir la isla hasta que caiga el sol.
Ibiza tiene su propio pulso, un ritmo deliciosamente pausado que a menudo olvidamos cuando quedamos atrapados en la vorágine de la temporada estival. Por suerte, todavía existen lugares auténticos como Es Fumeral, firmemente anclado en la bellísima Cala Nova, que nos recuerdan la verdadera esencia de la isla. Este proyecto, que nació como un sentido homenaje a la sencillez mediterránea y a la conexión con el entorno, afronta su tercer año con una madurez envidiable. El restaurante ha sabido blindar su identidad original para hacerla más coherente y mucho más sabrosa.

Al mando de las brasas (y de la propuesta gastronómica en su totalidad) se encuentra el chef ibicenco Alberto Pacheco. Su sólida trayectoria en referentes de la talla de Zuberoa, Can Jubany o Estimar habla por sí sola. Sin embargo, en Cala Nova su lenguaje es puramente isleño. Y es que Pacheco posee la sensibilidad de entender el producto desde el respeto absoluto, aplicando la técnica justa y precisa para no enmascarar nada. Su propuesta es un diálogo fluido con la memoria gastronómica ibicenca, acercando las valiosas recetas de siempre al paladar contemporáneo, sin perder la honestidad que exige dar de comer a escasos metros del mar.
Pacheco posee la sensibilidad de entender el producto desde el respeto absoluto, aplicando la técnica justa y precisa para no enmascarar nada
Esta temporada, la carta de Es Fumeral es más amplia y más madura, sí, pero profundamente coherente. El pescado nacional y el marisco siguen siendo los reyes indiscutibles de la casa. Desde las delicadas elaboraciones en crudo hasta el hipnótico paso por las ascuas del horno Josper, todo cobra sentido. Obligatorio probar su icónica gilda de pescado azul (un guiño al maestro Rafa Zafra), el goloso katsu sando de ventresca de atún de Barbate o el sashimi de ventresca. Para subir la apuesta, la fideuá de mero o las espectaculares espardeñas al ajillo con yema. ¿Y de postre? Un emotivo viaje a las raíces con su divertidísima versión del flaó en formato cheesecake.

Pero toda gran propuesta gastronómica necesita estar bien escoltada por una selección de tragos a la altura. Este año, el apartado líquido cobra un protagonismo vital bajo la batuta de Daniel Pailler. Su exquisita selección de referencias está estructurada milimétricamente para acompañar la fuerza de la brasa y el salitre, redondeando una experiencia impecable. Reforzando la identidad del restaurante, su bodega atrapa.
Como el Mediterráneo no entiende de prisas, Es Fumeral estrena nuevos compases. Por petición popular, se inaugura el ansiado servicio de tardes de cinco a nueve de la noche, concebido para rendir culto al sagrado tardeo ibicenco. Con una propuesta más informal, pero con idéntico nivel de exigencia, es la excusa perfecta para contemplar cómo cambia la mágica luz balear con una copa en la mano.

Al final, el auténtico lujo reside en la naturalidad. Es Fumeral nos regala una sofisticación casual, un proyecto orgánico y, sobre todo, sincero. Un chiringuito del siglo XXI que entiende que la mayor riqueza de Ibiza siempre será el paisaje inalterado, el sabor del producto desnudo y el tiempo disfrutado en la mejor compañía. Con comodidades pensadas para el relax, como su útil servicio de valet parking, la desconexión aquí está más que garantizada. Bienvenidos (un año más) al verano de nuestras vidas.






