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Dunas de Formentera. La brasa que dibuja el Mediterráneo

Dunas de Formentera. La brasa que dibuja el Mediterráneo

Jennifer © ffmag

El producto fresco, el fuego limpio y el Mediterráneo delante. En Dunas de Formentera han entendido que la isla no necesita capas (ni en el paisaje ni en las recetas) y la cocina de la chef Jennifer Infantes lo demuestra en cada servicio.


 

Migjorn. La playa más larga de Formentera se estira hacia el horizonte como si no tuviera prisa por llegar a ningún sitio. El tiempo en este lugar parece funcionar de forma diferente: las horas se dilatan, la arena retiene el calor del mediodía hasta bien entrada la tarde y el viento llega siempre desde el mar, cargado de sal y de ese olor a isla que lo impregna todo. También la cocina.

Dunas de Formentera es uno de esos lugares que quienes lo conocen no cuentan demasiado, por aquello de no compartir los buenos secretos. Un resort de lujo discreto, integrado en el paisaje de dunas y pinos que rodean Migjorn, gestionado por Marugal Hotel Management, con la filosofía de habitar el entorno con respeto, sin competir con él. Las habitaciones dialogan con la naturaleza, la piscina mira al mar y el silencio, aquí, es el servicio más preciado. Pero hay algo en este enclave que va más allá de la calma: una cocina que merece especial atención.

La apuesta por el producto local y de temporada es una consecuencia lógica de un proyecto que entiende Formentera como un ecosistema que hay que cuidar. Kilómetro cero no como etiqueta, sino como convicción. Los ingredientes baleares que llegan a la mesa de Dunas de Formentera recorren distancias cortas y cuentan historias largas: las del mar que los cría, las de la tierra que los alimenta, las de una isla que todavía sabe lo que tiene.

Burrata. Dunas de Formentera

El restaurante de Dunas de Formentera ocupa una posición privilegiada frente al agua. Nada de ruido ni adornos forzados. Las mesas, la brisa, el sonido de las olas llegando a la orilla y, como protagonista indiscutible, el fuego. En Dunas de Formentera la brasa no es un recurso estético ni una tendencia efímera: es el eje sobre el que orbita toda la propuesta gastronómica. El fuego que transforma, que concentra, que respeta el ingrediente por encima de todo.

Al frente de los fogones está Jennifer Infantes, una chef que entiende que en Formentera la cocina no puede ser otra cosa que honesta. Su propuesta bebe directamente del producto local y de temporada: pescados del Mediterráneo, ingredientes baleares que conocen su tierra, elaboraciones que siempre tienen algo que decir. El marco conceptual lo firma Gorka Txapartegi, chef con estrella Michelin que asesora el proyecto aportando su mirada más depurada sobre el producto y la técnica.

Rodaballo. Dunas de Formentera

El resultado es una carta mediterránea que se lee como un mapa de la isla. Hay platos que ya han logrado el estatus de imprescindibles, como las gambas al ajillo con patatas y huevos fritos, una combinación que sobre el papel suena a clásico y en el plato sabe exactamente a eso: a memoria gastronómica sin atajos. La gamba llega entera, roja, con ese punto de fuego que la vuelve casi dulce. Las patatas absorben el aceite perfumado de ajo y el huevo lo envuelve todo en una yema que rompes despacio, porque los mayores placeres de la vida merecen ser disfrutados con calma.

La mesa en Dunas de Formentera tiene su propio ritmo. Los platos salen cuando tienen que salir y la carta de vinos, cuidada y con criterio, propone opciones que funcionan bien con una cocina que no necesita más protagonistas que los que ya tiene. Un blanco mineral con el pescado del día. Un rosado ligero con las gambas. El sol cayendo hacia el mar mientras la mesa se llena de pequeños platos que van y vienen.

En Dunas de Formentera el producto lo eligió con cuidado alguien esa mañana, el fuego lo transformó con paciencia y el Mediterráneo lo enmarca absolutamente todo. Hay pocos lugares donde una comida tenga tanto contexto. Y donde ese contexto se note tanto en el plato. Quizás porque en Dunas nadie ha intentado inventar nada que la isla no tuviera ya. Solo han sabido escucharla, traducirla y servirla a la mesa con el criterio de quien conoce su materia prima a la perfección. Eso, en gastronomía como en todo lo demás, es más difícil de lo que parece. Y cuando se consigue, se reconoce de inmediato: en el primer bocado, en esa certeza tranquila de que estás exactamente donde tenías que estar.

Terraza Dunas de Formentera

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