Eat Vacuum Cooking
Aparcas frente a los robustos muros de Cases de Son Morro y el cambio de marcha es automático. Atrás quedan el asfalto, las prisas y las cenas donde apenas te atreves a levantar la voz. En Eat Vacuum Cooking te atas el delantal, cocinas recetas traídas de los zocos de Marruecos o de las calles de Tailandia y descubres que el mejor plato que has probado en tu vida lo has hecho tú. No se parece a nada que hayas vivido antes. Bienvenido a la experiencia gastronómica más singular de Mallorca.
A este rincón de la isla se puede llegar por caminos muy distintos: canjeando un vale regalo, con amigos o en plena catarsis corporativa con los compañeros de trabajo. Da igual el motivo de la reserva. Lo importante al cruzar esa puerta es el pacto de acción. No hay en Eat Vacuum Cooking menú que contemplar ni camarero que tome la comanda. La propuesta es mucho más visceral (y terrenal): te atas el delantal, te plantas frente al fuego y redescubres el placer absoluto de mancharte las manos.

Estiven Arráez León (CEO y propietario) y su equipo llevan una década exacta perfeccionando lo que ellos llaman el "efecto oasis". Y funciona de forma casi hipnótica. En menos de diez minutos ya no hay desconocidos. La chaqueta cae, el delantal se anuda y el trabajo, los problemas y las pantallas quedan definitivamente fuera. A Eat Vacuum se viene a jugar. Es pura adrenalina creativa: el sonido rítmico del cuchillo contra la tabla, el choque de copas mientras se liga una emulsión y la libertad absoluta para manipular ingredientes de máxima calidad bajo la supervisión de chefs profesionales. Aquí, la magia de los fogones demuestra que, como reza el eslogan de Eat Vacuum, “cualquier persona puede cocinar”.
Experiencias que recorren el mundo
Si hay algo que posiciona a este proyecto a años luz de cualquier otra propuesta experiencial, es su radicalismo con el I+D. Su recetario es el resultado de una gran colección de viajes y experiencias alrededor del mundo. El equipo hace las maletas y pisa la calle. Desde los zocos más intrincados de Marruecos hasta las aceras humeantes de Tailandia, suman ya 74 destinos documentados para importar la autenticidad al milímetro. Un trabajo de campo brutal, sostenido por pilares de la casa como David Sánchez (que acumula nueve años de lealtad incondicional al proyecto) y los chefs Gerard y Miquel. Un nivel de autoexigencia que explica, por cierto, por qué desde la península ya intentan clonarles hasta la nomenclatura de los platos. El original siempre inspira.

El magnetismo de Eat Vacuum invierte todas las reglas del turismo balear: su ebullición llega en pleno invierno. Es entonces cuando Son Morro hierve con jornadas de team building (tanto en formato relajado como en clave de competición) y grupos que encuentran en el delantal un idioma universal. Aunque el verdadero termómetro de su prestigio lo marca su clientela más crítica: los propios chefs de la isla. En sus escasos días libres, huyen de la presión del pase para meterse, por puro hedonismo, en las cocinas de Eat Vacuum. “Vienen a guisar entre colegas, a pasar un buen rato y a recordar por qué eligieron este oficio”, explica Estiven Arráez.
El clímax llega con el emplatado. El silencio de ese primer bocado da paso inmediato a la euforia colectiva. El sabor de lo que acabas de crear es soberbio, pero su intensidad se multiplica de forma salvaje porque lleva tu instinto y tu tiempo. Eat Vacuum Cooking es la prueba viva de que el mejor restaurante de la isla no tiene carta, porque la escribes tú.







