Bar Nicolás
Frente a los muros de la iglesia de San Nicolás existe otra parroquia que despacha sus propios milagros, aunque en formato líquido. Respaldado por el Grupo Amida, este bar de alma añeja ha conseguido que el reloj de la ciudad lata al ritmo exacto que marca su coctelera. Ni atajos conceptuales ni experimentos huecos. En Bar Nicolás, el único truco es el oficio de agitar la noche con la precisión de un relojero.
Al frente de este engranaje se encuentra Dani Hernández. Su historia con el local arrancó hace un lustro, en esa extraña ventana de tiempo y aforos limitados que dejó la pandemia. Aquella pausa obligatoria jugó a su favor, dándole margen para tomarle la temperatura a este espacio en el centro de Palma. Hoy, se define como un bartender estricto y lineal. Le gusta "marcar muy bien los clásicos" y, a partir de esa base inamovible, permitirse jugar sin diluir jamás la identidad del trago original.

Esa devoción por la raíz queda plasmada en una carta física que funciona como un álbum de recuerdos de la Plaza del Mercado. No se trata de un mero adorno nostálgico: el menú exhibe fotografías históricas para reivindicar su ubicación. "En el menú, el recetario clásico manda, pero convive con una selección de signature drinks para inyectar carácter propio a la zona", explica Hernández, aunque siempre incorpora su propia firma: "un twist, un pequeño detalle de la casa".
La verdadera prueba de fuego llega cuando alguien cruza el umbral sin rumbo fijo. Ante la indecisión, el equipo de sala activa un protocolo casi psicológico. A través de unas preguntas básicas, las hostess trazan un mapa rápido de apetencias (ácido, amargo, cítrico o afrutado) y, sobre esas coordenadas, la barra ensambla "un cóctel a la medida de cada cliente".
Aunque Hernández confiesa que su elección personal depende estrictamente de su estado de ánimo (saltando del Negroni al Mojito) el paladar del cliente manda. Los más aclamados son el Basil Smash: una mezcla de ginebra, limón y albahaca fresca servida sobre un bloque de hielo, y el Milk Punch elaborado con whisky japonés, yuzu, vainilla y matcha; El Sóller Spritz (Canonita, cava y pomelo) y el Canonita Sour. Todos ellos ejemplifican una regla sagrada en todo el Grupo Amida: la estética importa tanto como el sabor.

Toda esta coreografía se desarrolla en una escenografía de corte vintage fraccionada en tres alturas. A pie de calle, la terraza de quince mesas absorbe el flujo continuo de la ciudad y concentra la demanda más voraz. De puertas para adentro, la intimidad gana terreno en un salón de apenas cinco mesas, mientras que unas escaleras conducen al refugio final: un sótano concebido como área lounge donde resguardarse del bullicio exterior.
Lejos de prometer revoluciones o de pretender reinventar la rueda en cada vaso, Bar Nicolás ha comprendido que dominar el pasado es la forma más inteligente de asegurar el futuro. Y el que tenga sed, que pase y beba.







