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Monkey Ibiza. Terciopelo, bengalas y fusión salvaje en el cabaret oculto de Sant Antoni

Monkey Ibiza. Terciopelo, bengalas y fusión salvaje en el cabaret oculto de Sant Antoni

Antony, Ben y Clémence © ffmag

Cruzar el umbral de Monkey Ibiza implica aceptar sus reglas del juego. El sol balear marca el ritmo en una terraza de innegable acento caribeño. El paladar exige su pasaporte para viajar entre bistrós franceses y bulliciosos zocos libaneses. Y, finalmente, la caída de la tarde enciende los neones de un espectáculo nocturno cargado de plumas y terciopelo. Gastronomía, hedonismo y misterio se sientan juntos, por fin, a la misma mesa.


 

Ubicado junto al Caló des Moro, Monkey Ibiza ocupa uno de los balcones más cotizados para despedir el día en la isla. La puesta de sol es solo el aperitivo visual de un proyecto camaleónico que muta con el paso de las horas. Bajo la mirada de las esculturas de simios que presiden el recinto (un guiño a los legendarios tres monos sabios nipones), el espacio exterior respira calma. Tonos tierra, maderas crudas y mimbre construyen una atmósfera bohemia que aterriza directamente desde las playas de Tulum para integrarse en la costa ibicenca.

Traspasar las puertas de su sala interior supone un choque estético fascinante. Las texturas orgánicas dan paso a exóticos papeles pintados, estampados de leopardo y sillones de terciopelo. De repente, la brisa mediterránea se disuelve en la atmósfera clandestina de un selecto cabaret de Pigalle.

Cóctel y pescado a la brasa. Monkey Ibiza

Detrás de esta cuidada escenografía se encuentran Antony Faotto, Ben y David Janaud. En 2022 decidieron importar el apabullante éxito de su local parisino (Monkey Pigalle) para conquistar Baleares con una filosofía de producto fresco, preferiblemente de kilómetro cero, y una concepción del tapeo con guiños de alta cocina.

La fusión gobierna unos fogones donde la herencia gala se da la mano con el recetario de Oriente Medio. El linaje francés saca pecho con unas impecables accras de bacalao, un rodaballo fresco de Galicia a la meunière y un mi-cuit de chocolate con helado de avellana que justifica la reserva por sí solo. Junto a ellos, brillan las especias norteafricanas. El sumac, la harissa, el labneh y el tahini riegan entrantes rotundos, desde el adictivo trío de mezze y el queso feta crujiente, hasta la sabrosa shakshuka o la berenjena a la parrilla con granada.

Para esta temporada, la carta estrena un refrescante carpaccio de dorada con vinagreta de cítricos y jengibre, así como un tartar de ternera coronado con mayonesa de harissa y alcaparras fritas. El componente lúdico también se sirve en el plato: el personal prepara un guacamole en directo escoltando a una impecable coctelería de autor. El broche dulce se actualiza con una tartaleta de frambuesa con pistachos caramelizados y unos churros con nata y chocolate para desatar la lujuria de los más golosos.

Terraza Monkey Ibiza

Cuando el sol desaparece, la música toma el control. La joya de la corona nocturna es Cabaret Sauvage, una exuberante cena con espectáculo que enciende las noches veraniegas de los viernes y sábados. Con la coreógrafa Shadia Erazade a los mandos, el show de este año, bautizado como "Iconic", rinde un sonoro y brillante tributo a los grandes clásicos del cine.

La velada arranca brindando con champagne en la piscina superior antes de trasladar a los comensales al comedor interior. A partir de ahí, la cena fluye entre números musicales y bengalas chispeantes. La propuesta democratiza el concepto de lujo festivo apostando por un formato íntimo, canalla y muy accesible. Al terminar el postre, las mesas se apartan y el comedor muta en un misterioso club privado.

Cabaret en Monkey Ibiza

Para quienes prefieren exprimir la luz balear, la terraza esconde un pequeño pool club ajeno a las masificaciones estivales. Funciona mediante un Day Pass de mediodía que oscila entre los 25 y los 50 euros con una bebida y con servicio de toallas incluido. Bajo el sol o bajo los focos del escenario: Monkey Ibiza exige entregarse de lleno al disfrute sin mirar el reloj.

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