Algunas historias no nacen de una idea, sino de un recuerdo. Es Fumeral no se fraguó con bocetos en una servilleta ni en una hoja de cálculo. Empezó mucho antes, en una cala de Ibiza, en una mesa al borde del mar, con el sonido de los cubiertos, el juego de las cartas al atardecer y las olas rompiendo sobre las rocas. Empezó con una familia y con una infancia compartida.
Francisco Torroba Tejedor, empresario madrileño y apasionado de la gastronomía, no necesita esfuerzo para recordar esos veranos. “Cala Nova era nuestro punto de encuentro. Si querías ver a alguien, sabías que estaba allí. Sin móviles, sin planes. Todo pasaba en la playa: las comidas, los juegos, las risas, el mar. La vida entera”.
Esa misma cala —tranquila, salvaje, honesta— fue donde la familia Tejedor vivió su Ibiza más íntima. Donde aprendieron lo que significa pertenecer a un lugar sin ser de él. “Mis abuelos empezaron a venir hace cincuenta años. Desde entonces, la isla forma parte de nosotros. Es nuestro lugar de reencuentro, nuestra memoria común”. Por eso, cuando surgió la oportunidad de dar nueva vida al antiguo chiringuito de Bartolo —el histórico restaurante Cala Nova, gestionado durante décadas por la familia Ferrer—, supieron que tenía sentido. “Queríamos hacer algo que devolviera a la isla una parte de lo que nos ha dado. Crear un espacio que recuperara la esencia de aquel lugar que tanto habíamos amado, y que lo llevara hacia el futuro con respeto y autenticidad”.

Spicy lobster
Así nació Es Fumeral: como un gesto de gratitud. Fue una declaración de principios. Y también de sentimientos. La amplia trayectoria de la familia en el mundo inmobiliario permitió dar con un diseño que respetara el entorno, la estética tradicional ibicenca y el ritmo del lugar. “No queríamos destacar, sino integrarnos. Crear un restaurante que mirara al mar con humildad, no con ambición”.
No queríamos destacar, sino integrarnos. Crear un restaurante que mirara al mar con humildad, no con ambición.
Al frente de la propuesta gastronómica de Es Fumeral se encuentra el chef ibicenco Alberto Pacheco, quien traduce el paisaje al plato. En sus manos, el recetario de la isla —tan rico y a menudo tan ignorado— cobra una nueva vida con platos como la gilda de pescado azul ‘homenaje a Estimar Rafa Zafra’, el sashimi de ventresca de atún de Barbate con salsa tonnato, las almejas gallegas con su jugo, la fideuá de mero d’Eivissa y ali oli, la ensalada payesa Es Fumeral o los pescados del día a la brasa. Y para cerrar, postres típicos con un giro, como el cheesecake de flaó o el arroz con leche. Su cocina es directa, sin artificios, profundamente respetuosa con el producto y con el paladar local. Una cocina que habla alto y claro sin alzar la voz.
“Alberto entendió desde el primer momento lo que queríamos: una gastronomía que no tuviera que explicarse, que se sintiera. Él es de aquí, y eso se nota. Conoce los sabores, los tiempos, los silencios de la isla”. Bajo su dirección, Es Fumeral se convierte en un lugar donde la técnica está al servicio del recuerdo. Donde el comensal no solo come, sino que conecta con la isla.

Buñuelos
La implicación familiar no es un lema vacío. Es real. La familia está presente en las decisiones diarias, en el trato con el equipo, en la elección de proveedores locales. Más del 70% del personal es de la isla. Y eso se siente. “Venimos de una familia trabajadora. Nos enseñaron que lo importante es hacer las cosas bien, con honestidad, con constancia. Y eso es lo que hemos querido trasladar al restaurante”, explica Paco Torroba.
El nombre no es casualidad. Es Fumeral es como se llamaba a las chimeneas de las cocinas payesas ibicencas, donde se cocinaba y se reunía la familia. También es la palabra que usaban los antiguos marineros para referirse a las chimeneas de los barcos. Un símbolo de viaje, de origen, de regreso. Un guiño a los trayectos de ida y vuelta entre pasado y presente, entre tradición e innovación, entre lo que fuimos y lo que queremos ser.

Arroz con leche
El restaurante es también una respuesta a la necesidad de recuperar lo local sin convertirlo en espectáculo. Un lugar que no se anuncia a gritos, sino que se deja descubrir. Que no quiere ocupar portadas, sino mesas compartidas. Que no compite, sino que acompaña. “Aquí no hay artificio. No estamos aquí por tendencia, sino por convicción. Por amor a esta tierra”.
“Lo que más me emociona de este proyecto es ver cómo un sueño familiar se convierte en un lugar real, con alma. Un espacio donde todo tiene sentido: el pasado, el presente y lo que queremos dejar para el futuro”, explica Torroba. Y es que, lejos de ser una mera inversión, Es Fumeral es una historia familiar hecha experiencia. Una forma de estar en el mundo. Y de estar, sobre todo, en Ibiza.






