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Simone Masuzzo, tributo a su mentor: Pippo Caprice

Simone Masuzzo, tributo a su mentor: Pippo Caprice

Simone Masuzzo © ffmag

La historia de Molo47 tiene su origen en la amistad entre Antonio D’Angelo (alma máter del restaurante y Executive Chef de Nobu Milán) y el chef y pastelero Simone Masuzzo, que ha desarrollado su carrera junto a profesionales de la talla de Joël Robuchon -entre otros-.

Charlamos con Masuzzo, quien no olvida que su llegada al mundo de la cocina, y en particular, al de la pastelería, fue “casual” y gracias a alguien muy especial: su maestro, Pippo Caprice, fallecido este año. Asegura que a él le debe todo lo que es hoy. Simone Masuzzo dirige Molo47 y Molo Café: un proyecto que ha cambiado su vida por completo.


 

¿Quién fue Pippo Caprice para ti?
La Pastelería Caprice fue la primera pastelería donde trabajé de Palazzo Acreide. Fue todo muy raro con él, porque, cuando acabé mis estudios de hostelería, no quería hacer nada relacionado con la cocina ni la pastelería. Me gustaba más la cafetería. Hasta que llegué a esa pastelería. Allí Pippo me dijo que quería que trabajase con él en la pastelería. Y así fue como empezó todo... Trabajar con él en la pastelería fue todo amor desde el principio. Estoy eternamente agradecido a Pippo, que falleció hace unos meses, y quiero darle las gracias por todo a él y a su familia.

¿Cómo empieza tu formación como pastelero?
Me formé en Sicilia, en una pequeña ciudad de montaña. Con Pippo aprendí la repostería más clásica de Sicilia. Allí es tradición tomar el postre los domingos y, por la tarde, la gente toma el café con el dulce, es como una religión. Después de la santa mesa, el postre. Con Pippo trabajé tres años, pero muy intensos. Durante ese tiempo, mi familia era la pastelería Caprice. En cada momento del año, hacíamos cosas diferentes: en Navidad, el panettone, en Pascua, la colomba... Teníamos un calendario con todos los dulces típicos de cada fiesta. Después pasé por otra superpastelería que se llama Corsino, que también es muy famosa en Italia. Durante una temporada, trabajé también en Billionaire, el restaurante de Flavio Briatore. Fue la primera vez que hice pastelería para restauración y descubrí otra pasión. Hasta entonces, yo pensaba que la cocina no me gustaba, pero esto cambió por completo cuando empecé a trabajar en restaurantes.

Terraza restaurante Molo47, Formentera

Molo47 © ffmag

Y también trabajaste con Robuchon...
Sí, después trabajé en Bruselas, en Francia y Londres con Joël Robuchon en una cocina llena de franceses, donde yo era el único italiano. Fue muy duro, pero fue una experiencia única. Cuando me propusieron trabajar para él yo aún no lo conocía: entonces llegué a París y descubrí un mundo mágico. Teníamos una cola impresionante para ir a comer o cenar cada día. Creo que él fue uno de los primeros chefs superestrellas. Y para mí era raro y también un orgullo estar trabajando para una persona tan famosa. Con él estuve un año y medio en París y luego abrimos en Londres, y allí estuve otros dos años. 

Y todo eso, ¿gracias a Pippo?
Sí, porque una cosa es estudiar y otra, conocer a alguien que te transmite tanto amor por su profesión. Tengo que darle las gracias a Pippo por introducirme en el mundo de la gastronomía y la pastelería, que no es un mundo aséptico. O te gusta o no te gusta. Es muy sacrificado, pero tiene recompensas, porque te emociona cada día... Para mí el amor es el ingrediente principal. Yo hago este trabajo porque me encanta y porque lo amo. No tengo otro adjetivo para definirlo.

Para mí el amor es el ingrediente principal. Yo hago este trabajo porque me encanta y porque lo amo

¿Cómo conociste a Antonio D’Angelo?
Después de Londres, me llamaron de Florencia para abrir el Four Seasons Hotel, como pastelero. De allí, me fui a un restaurante de Estrella Michelin, luego trabajé en Milán con Bulgari Hotels y allí, por casualidad, conocí a Antonio. Fue realmente único, porque enseguida nos dimos cuenta de que teníamos una conexión especial. Y aunque estaba por entonces trabajando en Bulgari, a los 15 días dejé el trabajo y me fui con Antonio a Nobu Milán. De esto hace ya 12 años. Empecé en Nobu como chef de pastelería, luego pasé a ser segundo chef de cocina y pastelería, y después fui el segundo de Antonio d’Angelo.

Interior del restaurante Molo47, Formentera

Molo47 © ffmag

¿Cómo llegaste a Formentera?
Vine con Antonio a Formentera hace 8 años para pasar unas vacaciones. Por aquel entonces, él ya estaba enamorado de Formentera y yo descubrí en ese viaje este paraíso increíble. Un día, me habló del proyecto de su restaurante en Formentera y, algo después, yo estaba ya aburrido en Milán, necesitaba un cambio en mi vida. Antonio me propuso venir aquí como director de Molo47 y no me lo pensé, aunque entonces no sabía nada de Formentera y no conocía a nadie aquí. Era febrero, todo estaba cerrado y teníamos que abrir en junio el restaurante. Para mí ha sido una experiencia que me cambió la vida por completo. Gracias a trabajar en Molo47, he aprendido un montón de cosas: a hacer felices a los clientes, a mimar cada detalle... Fue un cambio radical en mi vida. Cada día es una experiencia nueva y cada año, un capítulo nuevo. 

Gracias a Molo47, he aprendido un montón de cosas: a hacer felices a los clientes, a mimar cada detalle... Fue un cambio radical en mi vida

¿Qué esperas de Molo47?
Creo que Molo47 no es solo un restaurante donde comer, es una experiencia: desde la comida, hasta el trato de todo el equipo, que te va a hacer sentir como en casa. Lo que más me gusta de aquí es que todos los clientes vienen relajados. Porque Formentera es un paraíso, la gente está de vacaciones, contenta... Molo47 es el plus. El objetivo de Molo47 es que el cliente se lleve ese gran recuerdo. Espero para el Molo47 y para toda Formentera que la restauración se convierta, después de la playa, en el mayor reclamo de la isla. Porque creo que lo es de verdad. Se come muy bien en la isla y están viniendo muchos chefs importantes. Todo está cambiando mucho y creo que Formentera será en el futuro una isla gastronómica. 

Espero que la restauración se convierta, después de la playa, en el mayor reclamo de la isla. Porque creo que lo es de verdad

¿Cómo te ves en los próximos años?
Ahora tengo la seguridad de saber lo que soy capaz de hacer. No tengo miedo a nada. Pienso mucho en mi futuro porque mi objetivo es tener cierta estabilidad.  

¿Abrirías una pastelería en Formentera?
No tengo miedo de nada, como ya te he dicho, aunque aquí ya tenemos Molo Café y de momento con eso me basta.

Simone Masuzzo con selección de panes

Simone Masuzzo © ffmag

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